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lunes, marzo 19, 2012

LATIDOS. Sobre el discurrir de Mario Navas...


Este bar es nuevo. Nuevo espacio social, cerca de casa, donde matar las horas muertas(¡Válgame la redundancia!). Me gusta. Tiene todo lo que necesito. Mesitas redondas y pequeñas, íntimas, pegadas cerca de las ventanas. Un buen lugar para los observadores. Un camarero atento, agradable y respetuoso. Decoración modesta y de buen gusto. Cálido y aséptico, despersonalizado, donde muchos anónimos como yo podemos hallar nuestro espacio. Para inmersionarnos en lo personal, ya tenemos nuestras respectivas casas, que hablan de nosotros constantemente, devolviéndonos sin tapujos, la imagen de lo que somos. El mundo es un teatro, donde los distintos personajes jugamos a encontrarnos y a perdernos, pero el sentido real de nuestros pasos se nos escapa. Al menos los míos. Fea, la tendencia egocéntrica de hablar en nombre de todos. 

Hace pocos días atrás, me parecía poseer las claves de un conocimiento humano universal, y ahora, no logro despegarme del claustro microscópico de mi reducido universo. Y más allá de eso no me atrevo a especular. ¡Si yo mismo soy un universo inabarcable! ¿Qué puedo decir sobre la vida, el pensar y el sentir de otros tantos humanos que como yo pululan perdidos por este espectáculo? Nada. Si no sé nada, ¿qué puedo escribir sobre los demás? Especulaciones sin pies ni cabeza. Atrocidades distorsionadas. ¿Y qué aporto al mundo con ese inútil ejercicio? Más ruido, más confusión. Lo importante es más simple, aunque yo desconozca totalmente las palabras exactas para definirlo. Las palabras. Trampas. Reduccionismos impostores. Todo es mucho más complejo en sus formas y más simple en su esencia. 

En fin,  Toni no llega. Mantiene su vieja costumbre de llegar tarde a todas partes. No me apetecía verlo. En realidad no me apetecía ver a nadie. ¿Pero como le digo que no? Antes inventaba cualquier excusa y me quedaba tan ancho. Pero ya no puedo. He perdido la capacidad de mentir. Mucho cambio interno pero aun no logro despegarme de mi adicción a la melancolía. Al contrario. Cada vez es más fuerte, más oscura y pegajosa. Ya no me queda la menor duda de que el pensamiento construye la realidad. Eso me queda claro. Ahora sólo faltaría saber, como pensar de otra forma para llegar a un futuro más agradable. La melancolía. ¿Cómo la suelto, si es lo que me da forma? ¿Si suelto eso, que quedará de mí? ¿Cómo dejar de ensoñar cuando uno, equivocadamente o no, se ha enamorado? Quizás todo sea que esto que siento no es amor. Una cosa tan grande no puede depender de otra persona, ni de mí mismo. Confundo las cosas. El amor es algo diferente, un estado, que te lleva a irradiar buenos sentimientos y alegría en todas partes y con todo el mundo. Y yo estoy muy lejos de eso. ¿Se podrá llegar a él a fuerza de voluntad?






jueves, mayo 05, 2011

LATIDOS. Sobre el discurrir de Mario Navas...


He decidido concentrar todos mis esfuerzos en mi cotidianidad. Arreglar el estudio, hacerlo más confortable, para cuando la inspiración regrese, y si no regresa, no importa, de igual modo, tengo que plantarme delante de las hojas en blanco cada día, y intentarlo. Salir con los amigos, distraerme. Hoy he quedado con Robert, y Eladi. Hacemos un buen trío, nos entendemos. ¿Será que la soltería nos unifica? La verdad es que hasta hace poco no me sentía soltero para nada, aunque socialmente, para los otros, yo era eso. Pareciera que ser soltero tuviera a la fuerza un tinte de amargado. Robert, me sorprende. Hace mucho que nos conocemos pero nunca lo había frecuentado tan seguido. Me gusta su compañía, su serenidad. Hombre de pocas palabras. Pero sabe más de lo que parece. Con sus ojitos de mono llega a lo más hondo. A veces parece saber más de mí que yo mismo, me sorprende una y otra vez. Creo que lo subestimé. Es un gran tipo, sano, cordial, amable....siempre con el optimismo por delante, siempre riendo. Me hace bien su compañía. Me dice que elijo sufrir de más, y creo que tiene toda la razón. Hay especimenes de la raza humana adictos a la melancolía. Y como dice Robert, hay otras fuentes de donde agarrar fuerzas y empuje.

-         Has de domesticarte Mario.
-     Sí, Robert, si, te entiendo. Pero cambiar costumbres requiere tiempo y esfuerzo. Estar atento. No permitir a la cabeza darle tantas vueltas a las cosas. Soltar. Y mi mente es extremadamente huidiza.
-         En eso tienes razón, tu mente es extrema, jajaja.

Hubo un momento de la noche, en ese tugurio húmedo, paraíso del anonimato, en que Robert habló de ti. Sabe lo que siento, no me cabe la menor duda. Yo disimulando pero queriendo saber más, estirando las orejas y la conversación todo lo que pude. Que te están yendo bien las cosas en el trabajo, que parece que van a contratarte en el periódico. ¡Qué bueno! Te lo mereces. Eres una profesional de pies a cabeza. En fin, poca cosa más. Que estás muy liada, que sales poco. Que vais cenando juntos de vez en cuando, entre semana. ¡Qué bien que te vayan bien las cosas!
Creo que estar un tiempo sin vernos nos permitirá dulcificar nuestro trato. Nos hará bien. Esperemos...Y también necesito averiguar qué tan cierto es lo que siento. Porque no dejo de cuestionarme si es tanto, si es real, si son puras proyecciones...bueno, un sinfín de preguntas que no tienen respuesta. De esas que te arrastran en una vorágine profunda y que te dejan tumbado y sin fuerzas. 
Debo dejar de fumar porros, al menos unos días, porque cuando me coloco solo en casa, la fiebre se agudiza. Y lo peor, nada que ver la fiebre que siento ahora, con la que sentía con Silvia, o con Anna...¡Nada que ver! Esta me arrastra por horas y me tumba. Nostalgia profunda de algo que no sé si existe más allá de mi imaginación. Y Robert parece que lo entendiera todo. Me llama para salir, se pasa por casa. Es un encanto de tío. Me siento muy agradecido con sus atenciones. Eladi comentó que me encuentra muy cambiado, más calmado, más comprensivo en los diálogos....a mí me da susto haberme transformado en otra persona en poco tiempo. Me cuesta reconocerme. Y de soslayo eché una miradita rápida a Robert, y entendí, que lo sabía todo, que sabía perfectamente la fuente de donde nacían todas las modificaciones sorprendentes de mi estado de ánimo y de mi persona. Pero permanece en silencio, no se mete, y se lo agradezco. Aunque me gustaría saber su opinión. Nos conoce a ambos. Y quizás sabe algo que yo no sé. Quizás le has contado alguna cosa. Un día de estos le digo, a ver que pasa. Pero tampoco me gustaría incomodarlo, que se sienta que lo utilizo para indagar sobre tu vida. Pero, ostras, si no lo puedo compartir con alguien, voy a reventar. Nunca pensé que añoraría tanto  sentirme arropado por una amistad. Realmente, he cambiado demasiado, en poco tiempo, y reconocerme así, es duro, renunciar a lo que me daba seguridad y consistencia frente al mundo es devastador.  Ni tan siquiera estoy con ánimos de mirarme al espejo. Cruzo por delante de puntillas, intentando inútilmente escapar de este Mario frágil y transparente, paseante nocturno de todos los bordes de precipicio.


viernes, abril 01, 2011

LATIDOS. Sobre el discurrir de Mario Navas...

Tiempo de espera. Ahora sé más cosas, lo cual es mucho más angustiante. Ahora sé que no soy invulnerable al contacto con Nora, que una simple pronunciación de su nombre en labios de otros produce un efecto instantáneo en mi persona, una mezcla de placer y susto. ¿Cuándo volveré a verla? ¿Será demasiado evidente lo que siento? 

Me muero de vergüenza. Haría todo lo posible por tirar marcha atrás y cerrar la maldita puerta que se abrió sin darme cuenta. ¿Cuándo fue? Creo que el día que me mandó al carajo por ese comentario mordaz. Intrascendente. Siempre nos habíamos hablado de esa manera. O mejor dicho, siempre me había dirigido a ella de ese modo. Pero ese día ocurrió algo impredecible, Nora reaccionó de forma inesperada. Ni me daba cuenta de que buscaba herirla de algún modo. Y lo conseguí. 

Me sorprendió afectar tanto, tan profundamente a alguien. Me miró, breves momentos(¡cuantas cosas me dijo con esa mirada!). Temblando, me lanzó un “¡vete  a la mierda!” y se dio vuelta. Partió andando deprisa, huyendo, perdiéndose en breves instantes en medio de la muchedumbre. ¿Me amaba? Me quedé estupefacto. Se hizo un silencio, largo, de piedra. Me impresionó sobremanera, ese instante, esa imagen. Fue como si por primera vez alguien me hubiera permitido ver realmente lo qué es una persona, en todo su esplendor. ¡Impresionante! La vi, se mostró, herida y llena de belleza. Mi soberbia ridícula quedó así inmortalizada, obscena, brutal, esperpéntica, para  que pueda hoy torturarme con ese recuerdo, una y mil veces. Entonces, no quise ver. ¡Me creía la muerte! Me vendí la moto de que era una exagerada histérica y corrí un tupido velo sobre mi conciencia. Tenía rubios motivos de sobra, Silvia Castillo, piernas de vértigo.

He lloriqueado mucho a lo largo de mi vida, en espaldas ajenas, por mi incapacidad de sentir. ¡Pobres amantes del pasado! Ahora siento con tanta intensidad que me duele la carne, el corazón, la mente...¡Es terrible! Ahora haría lo que fuera por volver a mi inconsciencia emocional de siempre.

        ¿Mario? ¡Es un caso! Con las mujeres, un desastre. 

La misma mala fama me protegía de darme. Pero ahora, no puedo elegir. Si veo a Nora se me quedará cara de besugo consternado y no lo soportaré. ¿Qué puede protegerle a uno de sus propios sentimientos? ¿La distancia? ¿El tiempo? Estoy dispuesto a probarlo todo.

Lo más torturante, la locura del mundo de los sueños, de las especulaciones...sin darme cuenta, mi mente se va, una y otra vez a su lado, a besarla, a tocarla, a olerla, a suspirar con mi aliento pegado a su rostro, y me siento frágil, desnudo. Y Ella puede verlo, nadie más, sólo ella. ¡No puedo soportarlo! Me siento niño chico, vulnerable, ridículo, sin la presencia protectora de lo que creía ser yo hasta este momento. Me veo embelesado, observando por horas su rostro dormido a mi lado, sus ojos cerrados, los párpados...Puedo observar los más pequeños detalles, muy de cerca, a través del tiempo, del espacio. Ando sonámbulo por mi vida, caótico y expuesto a las inclemencias de las relaciones humanas. Todo me afecta sobremanera. 

Los detalles que pasaron desapercibidos en nuestros amigables contactos de pasado, sus sonrisas, sus gestos, ese abrazo,...retornan a mi memoria y adquieren dimensiones gigantescas. Ahora comprendo a Quijote frente a los molinos. No hay manera de luchar contra lo intangible, contra algo que se siente de adentro pero que carece de realidad. A pesar de basarse en otra persona, ella no es culpable de lo que yo siento. No hay culpables. Es un fruto que maduró en el árbol sin darnos cuenta, y un día se cayó. ¡Zas! 

Y aquí está, frente a nuestras narices. ¡Ahora toca saber qué coño hacer con él!


domingo, marzo 20, 2011

LATIDOS. Sobre el discurrir de Mario Navas. (Cap.4)

Me duelen las piernas de tanto andar. Ayer en esa fiesta. Todo el rato asaltado por el temor de que Nora apareciera. Era un mal momento para encontrarnos. Yo estaba demasiado sensible, demasiado licuable. Una palabra suya con intención habría hecho estragos en mí. Pero no fue así, no apareció. Me dolían los ojos de saltar de rostro a rostro, como una cámara enloquecida que no cesara de hacer clic y con el transcurso de las horas y los güisquis, la humedad se había apoderado de mis pies y la tensión de mi espalda. 

Alex estaba salido de madre, bailaba agarrado a un botellón de plástico repleto de vodka con naranja, su pócima secreta, repetía. Iba invitando a cada persona con la que cruzaba unas palabras. Focalicé toda mi atención en esa escena para dejar de marearme, y así, olvidarme de la posibilidad de su amenazante aparición. Alex sujetaba a un tipo con el brazo alrededor del cuello, con un gesto que pretendía ser cordial. La inconsciencia corporal y mental que le proporcionaba la borrachera no le permitía darse cuenta de los detalles que facilitan la supervivencia. Yo tan solo observaba, callado, y cuando dirigía su discurso hacia mí para que ratificara su protagonismo, sonreía tontamente, en una expresión genuina de aislamiento y locura. Creo que el dueto que formábamos empezó a inquietar al personal. Y seguramente, sin mi presencia, que él creía salvadora, le hubiera ido mucho mejor. Ya se sabe, los locos intimidan mucho más que los borrachos. 

Miré brevemente al tipo que Alex tenía inmovilizado con su abrazo de oso y le sonreí con maliciosa despreocupación. Sí, creo que puse toda mi intención en eso porque yo estaba lejos de caer en la inconsciencia. Borracho, pero bien presente. Lo miré mientras balanceaba mi cuerpo en un vaivén que calmaba mis nervios, y seguí sonriendo con los ojos medio cerrados, como quién conspira. Y entonces el tipo se soltó bruscamente y giró en redondo sobre sus pies hasta quedar mirando el rostro de Alex. Tuve tiempo de ver a cámara lenta, fotograma a fotograma, como se daban las cosas. La cara sorprendida y bobalicona de Alex, el rostro enfurecido del tipo, una mala broma más de Alex intentando salvar la papeleta. ¡Demasiado tarde! Mi puño volando a la velocidad del viento hacia el fatal desenlace, cambiando el curso de la historia. El tipo al suelo. Una manada de hombres enfurecidos encima de nosotros. Alex tirado en el suelo, también, asustado. Su cóctel disparado como proyectil a dos metros de distancia. A partir de aquí desaparecieron las imágenes. La nada se apoderó del momento. Un agujero negro nos absorbió a todos. 

Cuando pude recuperar mi capacidad de observar, se habían creado dos bandos. Gente conocida tirando de nosotros, al rescate. Otros tantos conocidos del tipo tirando hacia el otro costado, y yo, suspendido en el aire, dejándome llevar como un pelele, a merced de las olas, las mismas que me calmaban mientras estaba de pie, antes de liarnos a ostias. Zarandeado por el mundo sin importarme nada, al contrario, riéndome en mis adentros por la ridiculez de la situación. Luego, un repaso rápido a los rostros de mis salvadores a los que parecía que debía explicaciones, o al menos, aguantar de buena gana su rollo moralizante. Entre ellos, Daniel, Eladi de la tienda de música, Toni, que siempre se auto define como mi hermano, el capullo de German con su mirada de odio clavándose en mí a pesar de formar parte activa de nuestro equipo salvador,  Robert, callado y neutral, como siempre, sosteniendo a Alex o intentando que este se sostuviera por su propio pie, y un par de personajes más de los que conocía el rostro pero no el nombre. 

Largué mis buenas noches y empecé a andar hacia casa. Andar, andar, alejarme. Una herida sangrando tímidamente en la comisura de los labios. Las calles desiertas, abandonadas a su lúgubre soledad de cemento, y el sonido de mis pisadas creando una melodía, un ritmo. Me di una vuelta más larga. Anduve por dos horas, sin pausa, sin acordarme de mis rodillas, sin norte. Los pensamientos que tuve, si es que los hubo, en ese largo viaje hacia ninguna parte, a día de hoy son un enigma. Leí el nombre de una calle, Mare de Déu de la Salut, y me di cuenta que me encontraba a dos manzanas de mi casa, de mi vida de siempre, y con ese gesto, se rompió el hechizo y regresé a su rostro. 

Otra vez su cara, su interrogante. Sus labios blandos y rojos que en el recuerdo parecían aumentar de volumen. ¡ Efectos ópticos de la locura! ¡ Efectos secundarios de la desazón! Urgencia por llegar a mi casa. Rápido, rápido, enfilando hacia mi catre, con ansias de cerrar los ojos y la conciencia. ¿Me había enamorado? La pregunta me sumió en una angustia considerable y me dejó el cuerpo de plomo. Sentía el peso del cuerpo descansando encima del colchón, y la mente intentando esquivar inútilmente su recuerdo. Fue entonces cuando recién constaté, o más exactamente, asumí, que en realidad su presencia me había acompañado toda la noche, que llevaba días acompañándome. Nauseas. Vértigo. Me retorcí como un caracol, y olvidando todo pudor me entregué a un llanto infantil, demoledor. 

Entonces supe que las cosas ya nunca serían las mismas a partir de entonces. Que terminara o no con ella, había nacido a otra percepción de mí mismo, a un nuevo Mario. Me encontraba más solo que nunca, con un desconocido que era yo mismo, totalmente fuera de control. La soledad lo envolvió todo y lloré hasta dormirme.




jueves, marzo 17, 2011

LATIDOS. Sobre el discurrir de Mario Navas (cap.3)


Lo de Silvia se fue al carajo. Ya no la encuentro tan atractiva. Hoy empezó a soltarme unos discursos llenos de exigencias. De que ella sí que lo tenía difícil, que ella sí que se jugaba todo, y que en cambio yo no perdía nada, que tenía una posición bien cómoda. No podía decirle que la quería, inventarme lo que no siento, sólo le pedía que saltara al vacío conmigo por ganas de saltar, de sentirse libre. Cruda, la verdad, pero yo sólo quería follar con ella, eso era así, al menos en un principio. Quizás, después, algo podría haberse encendido, más allá...pero no creo. Fue un dulce espejismo, como tantos otros. ¿Cómo dar una cosa que no siento? Ni tan siquiera nos conocemos. De repente me hablaba como si yo ya fuera su pareja y eso me cortó la lívido ipso facto. Tu eres así, tu eres asá. Yo la dejaba decir y por dentro pensaba, no tienes ni puta idea de quién soy.  Salí del paso con lo de darnos tiempo. 

¡Ay, el tiempo! Mi coartada, mi fiel aliado. Y de nuevo volvió el vacío a mis noches, a mis anhelos, y la inspiración ardiente de los últimos días voló de regreso al país de nunca jamás. Bueno, nada importante, aceptar lo sucedido y a otra cosa mariposa. Suerte que quedan pocos días de clase, y después, seguro, la vida tan sabia, nos llevará de regreso a nuestras respectivas cotidianidades. En fin, que no tenía que ser. Lástima, porqué besaba a las mil maravillas. Estaba caliente, bien caliente, como yo. Cuando nos despedimos el otro día saliendo de clase creí que las cosas irían por buen camino. Pero hoy, tanto discurso lo estropeó todo. Sólo nos dimos unos besos y parecía que tenía que casarme con ella. ¡Qué locura! Tantas personas, tantos mundos.

Y Nora sigue sin aparecer, sin llamar. ¿Se habrá enfadado tanto? Me cuesta creerlo. Ayer me junté con Robert y me comentó que habían quedado para cenar. No pude evitar sentir un vuelco en el corazón. Seguro fue preocupación por como se han dado las cosas. Normal, es mi amiga. Me duele que se enfade, eso es todo. Pensaba que nos veríamos de forma casual y que las aguas volverían a su cauce naturalmente, sin hacer nada. Quizás debería haberme disculpado pero a estas alturas me da demasiada vergüenza. ¿Y con Robert? ¿Habrá algo más entre ellos?  No creo. No encajan. Nora tiene mucho carácter, más sangre. Con Robert se aburriría. ¡Pero nunca se sabe! Bueno, ¡y a mí qué narices me importa? Que hagan lo que quieran,...aunque yo creo que no, que no cuadran juntos....pero a veces un revolcón no hace mal a nadie....y bueno, a través del sexo se llega a otros lugares...pero, Nora tiene pinta de saber que tipo de hombre quiere a su lado. Y él no tiene nada que ver con el hombre que Nora anhela, al menos eso creo, por lo que la conozco. Ella necesita a su lado un espíritu libre. En ese sentido, nos parecemos.







domingo, marzo 13, 2011

LATIDOS. Sobre el discurrir de Mario Navas...(Cap.II)

¡Qué ridiculez el enfado de Nora en medio de la calle! No venía a cuento. De sobras  sabe que yo hablo así, con todo el mundo, que no era nada personal aunque lo pareciera. ¡Esa mujer! Demasiado sensible. Una manera de llamar mi atención. Creo estar en lo cierto al pensar que se ha enamorado de mí. En fin, ya se le pasará. El enfado y lo demás. Porque francamente no me veo con ella aunque a veces haya sentido deseos de abrazarla y besarla. Tiene una intensidad que me seduce. Pero creo que hubiera sido un error. Ahora lo tengo claro. Nunca le di motivos para que creyera que mi amabilidad, o lo que sea (si es que alguna vez he sido demasiado atento con ella), fuera por otros derroteros distintos a los de la amistad. No encajamos. Nos pelearíamos, perderíamos la amistad que compartimos. A veces la pasamos bien conversando. Peeero, es demasiado obstinada, demasiado terca en sus apreciaciones, siempre creyendo que tiene la razón, que está de vuelta de todo. Me irrita. Y ahora eso. ¿Qué he de pensar? ¿Qué he hecho yo para que reaccionara de esa manera tan desproporcionada? En fin, dejar pasar los días. El tiempo lo cura todo....,y además, está mi encuentro con Silvia.

¡Eso sí que es cosa seria! Ayer nos rozamos las piernas tomando el café, de forma explícita. Le gusto, es evidente. Ojalá venza la resistencia de ponerle los cuernos a su pareja. Sería estupendo, y total, no es feliz. Tiene las piernas largas y delgadas como un maniquí. Me sorprende que se haya fijado en mí. Pero bueno, he conseguido que le pique la curiosidad. Después de todo, no debo ser tan feo como imaginaba. Lo cierto es que nunca me ha ido mal, siempre hay alguien al otro lado. ¿Me pregunto si es posible vivir sin nadie al otro lado? Seguro que sí, pero ese no es mi caso.¡Qué piernas! Y además es inteligente. Sabe salir bien parada de mis acosos dialogísticos. Se defiende, y se pone más hermosa, si cabe, cuando se llena de orgullo. 

Quizás debiera invitarla a cenar un día de estos. Pero temo su incomodidad, y temo la mía propia, la responsabilidad que pueda transferirme en su elección de mentir a su compañero. ¿Por qué siempre me fijo en mujeres comprometidas? No lo sé. No lo busco. Al menos conscientemente, creo. Se da así, y no voy a sentirme culpable por una moralidad social que no tiene que ver conmigo. Nadie pertenece a nadie. Espejismo brutal de amplio espectro, reduccionista y castrante.

Ayer me hablaba de arte, opinaba sobre una escultora canaria que expone en la sala cercana al bar donde nos citamos. Prometí pasarme más tarde a dar un vistazo. Me comentó que pinta cuadros. Se ve que hace años que le da al pincel en sus horas libres. Me la imagino delante de un lienzo, concentrada y persistente, pero no logro imaginarme qué clase de pinturas pueda hacer. No creo que nada demasiado original. Pero buen dato. Aunque yo estaba atento a otros signos. Me movía en otra esfera. Mis sentidos como felino discurrían por otros senderos. Sus labios gruesos. Sus pechos insinuantes debajo de la camiseta estrecha. Ay, ay...,pezones grandes, como a mí me gustan. Cuello largo, como tobogán directo hacia las profundidades de la perdición...jajaja(me río de mi mismo)...me gusta darle a la vida un tinte dramático...Ay, ay, ay,...¡fiebre!

Locura desear y sentirse deseado, magnetismo oculto de la materia, danza de los astros, a punto de licuarme y derramarme por los suelos. Me siento inspirado de nuevo, lleno de fuerza. Cuando llegué a casa no podía dejar de escribir. Pasión, fecundidad, obsesión, inspiración.....¡creía que no volvería a sucederme! Y por fin, otra vez en el ruedo. ¡Feliz!

Y Nora enfadada conmigo. Será cabezona. Mejor no nos vemos durante un tiempo, y ya volverá la bonanza. Ahora, Silvia, mi musa, mi diosa.

viernes, marzo 04, 2011

LATIDOS. Sobre el discurrir de Mario Navas...

I
Nora hablaba y hablaba. De vez en cuando, se masajeaba unos segundos la zona del pecho, y luego devolvía las manos a la posición inicial, encima de su regazo. Me pareció alterada por mi presencia. Bueno, aunque en estas cosas no se puede tener total seguridad. La arrogancia siempre está al acecho de las almas de los hombres. Debería hablar sólo por mí, cuidar los detalles que me acercan a la impecabilidad. 

Julia intervenía poquito, estaba sentada al lado derecho de Nora, vestida de negro, con la cabeza ladeada. Sonreía distraída, se perdía con la vista  por la calle. Julia, una mujer hermosa, francamente guapa, pero con un posado tan inconsistente que diluye toda su belleza. 

En la fiesta de despedida de solteros de German y Ana, nos dio por besarnos. Sucedió, no lo buscamos. Los dos estábamos libres, como algunos taxis. Yo seguía enfadado, totalmente fuera de contexto, lo reconozco. Me jodía que Ana se casara con ese imbécil. Supongo que de alguna manera sentía que era yo el hombre de su vida y no podía aceptar gratamente que se terminaran nuestros escarceos habituales. Nunca he estado enamorado de Ana pero incomprensiblemente en ese momento me lo parecía. Sentía la sangre en la cabeza, un calor incendiario en el rostro. Y claro, iba muy borracho. Con Julia, coincidimos, en borrachera y en ganas de acariciar a alguien. Sus besos me trasladaron a otra realidad, a un grato reposo. 

La cosa fue que terminamos en mi casa a las siete de la mañana. Recuerdo que al abrir la puerta, nos recibió un frío desolador. Mi casa es vieja y el aire se cuela por innumerables agujeros. Con el frío, se hizo el silencio, y lo que había parecido fácil y natural hasta ese momento, empezó a tornarse dificultoso y incómodo. Bebimos un vaso de agua, cada cual el suyo, y brindamos con vergüenza adolescente, sin mirarnos. Luego me escuché pronunciar una invitación  para subir a mi alcoba, sin mucho convencimiento, pero apechugando con todo, y supongo, con la ligera esperanza, de que la pasión, o lo que fuera, volviera a hacer acto de presencia. Dijo que sí con un gesto extraño de hombros y cabeza, sin pronunciar palabra, sin emitir sonido alguno, sus ojos vacilantes e inquietos, repasando mi cuerpo, mi cara. Me sorprendió tanto ese gesto que en ese momento, por fin, logré mirarle directamente a los ojos y detener el tiempo para averiguar qué estaba pasando. Sentí su tristeza, o quizás era la mía propia, la decrepitud galopante que se apoderaba por segundos de la situación. 

Agarré su mano y la arrastré hacia el sofá de la sala. Nos sentamos y conversamos un poco, de cualquier cosa, de los conocidos comunes, de la ciudad que se estaba volviendo angustiante con sus excesos constructivos y automovilísticos, creo incluso del tiempo. Y al final nos dio por mirar una película de vídeo. Muchas veces hasta que no me pongo en situación, no logro percibir qué es lo que quiero o no quiero respecto a determinadas mujeres. No era la primera vez que achacaba una leve indisposición  castrante, es decir, que a la hora de la verdad, no se me levantaba. Esa vez, no hizo falta comprobarlo en vivo y en directo, mi corazón, o la razón, o lo que sea, me avisó antes de la desgracia.