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lunes, marzo 19, 2012

LATIDOS. Sobre el discurrir de Mario Navas...


Este bar es nuevo. Nuevo espacio social, cerca de casa, donde matar las horas muertas(¡Válgame la redundancia!). Me gusta. Tiene todo lo que necesito. Mesitas redondas y pequeñas, íntimas, pegadas cerca de las ventanas. Un buen lugar para los observadores. Un camarero atento, agradable y respetuoso. Decoración modesta y de buen gusto. Cálido y aséptico, despersonalizado, donde muchos anónimos como yo podemos hallar nuestro espacio. Para inmersionarnos en lo personal, ya tenemos nuestras respectivas casas, que hablan de nosotros constantemente, devolviéndonos sin tapujos, la imagen de lo que somos. El mundo es un teatro, donde los distintos personajes jugamos a encontrarnos y a perdernos, pero el sentido real de nuestros pasos se nos escapa. Al menos los míos. Fea, la tendencia egocéntrica de hablar en nombre de todos. 

Hace pocos días atrás, me parecía poseer las claves de un conocimiento humano universal, y ahora, no logro despegarme del claustro microscópico de mi reducido universo. Y más allá de eso no me atrevo a especular. ¡Si yo mismo soy un universo inabarcable! ¿Qué puedo decir sobre la vida, el pensar y el sentir de otros tantos humanos que como yo pululan perdidos por este espectáculo? Nada. Si no sé nada, ¿qué puedo escribir sobre los demás? Especulaciones sin pies ni cabeza. Atrocidades distorsionadas. ¿Y qué aporto al mundo con ese inútil ejercicio? Más ruido, más confusión. Lo importante es más simple, aunque yo desconozca totalmente las palabras exactas para definirlo. Las palabras. Trampas. Reduccionismos impostores. Todo es mucho más complejo en sus formas y más simple en su esencia. 

En fin,  Toni no llega. Mantiene su vieja costumbre de llegar tarde a todas partes. No me apetecía verlo. En realidad no me apetecía ver a nadie. ¿Pero como le digo que no? Antes inventaba cualquier excusa y me quedaba tan ancho. Pero ya no puedo. He perdido la capacidad de mentir. Mucho cambio interno pero aun no logro despegarme de mi adicción a la melancolía. Al contrario. Cada vez es más fuerte, más oscura y pegajosa. Ya no me queda la menor duda de que el pensamiento construye la realidad. Eso me queda claro. Ahora sólo faltaría saber, como pensar de otra forma para llegar a un futuro más agradable. La melancolía. ¿Cómo la suelto, si es lo que me da forma? ¿Si suelto eso, que quedará de mí? ¿Cómo dejar de ensoñar cuando uno, equivocadamente o no, se ha enamorado? Quizás todo sea que esto que siento no es amor. Una cosa tan grande no puede depender de otra persona, ni de mí mismo. Confundo las cosas. El amor es algo diferente, un estado, que te lleva a irradiar buenos sentimientos y alegría en todas partes y con todo el mundo. Y yo estoy muy lejos de eso. ¿Se podrá llegar a él a fuerza de voluntad?






viernes, marzo 04, 2011

LATIDOS. Sobre el discurrir de Mario Navas...

I
Nora hablaba y hablaba. De vez en cuando, se masajeaba unos segundos la zona del pecho, y luego devolvía las manos a la posición inicial, encima de su regazo. Me pareció alterada por mi presencia. Bueno, aunque en estas cosas no se puede tener total seguridad. La arrogancia siempre está al acecho de las almas de los hombres. Debería hablar sólo por mí, cuidar los detalles que me acercan a la impecabilidad. 

Julia intervenía poquito, estaba sentada al lado derecho de Nora, vestida de negro, con la cabeza ladeada. Sonreía distraída, se perdía con la vista  por la calle. Julia, una mujer hermosa, francamente guapa, pero con un posado tan inconsistente que diluye toda su belleza. 

En la fiesta de despedida de solteros de German y Ana, nos dio por besarnos. Sucedió, no lo buscamos. Los dos estábamos libres, como algunos taxis. Yo seguía enfadado, totalmente fuera de contexto, lo reconozco. Me jodía que Ana se casara con ese imbécil. Supongo que de alguna manera sentía que era yo el hombre de su vida y no podía aceptar gratamente que se terminaran nuestros escarceos habituales. Nunca he estado enamorado de Ana pero incomprensiblemente en ese momento me lo parecía. Sentía la sangre en la cabeza, un calor incendiario en el rostro. Y claro, iba muy borracho. Con Julia, coincidimos, en borrachera y en ganas de acariciar a alguien. Sus besos me trasladaron a otra realidad, a un grato reposo. 

La cosa fue que terminamos en mi casa a las siete de la mañana. Recuerdo que al abrir la puerta, nos recibió un frío desolador. Mi casa es vieja y el aire se cuela por innumerables agujeros. Con el frío, se hizo el silencio, y lo que había parecido fácil y natural hasta ese momento, empezó a tornarse dificultoso y incómodo. Bebimos un vaso de agua, cada cual el suyo, y brindamos con vergüenza adolescente, sin mirarnos. Luego me escuché pronunciar una invitación  para subir a mi alcoba, sin mucho convencimiento, pero apechugando con todo, y supongo, con la ligera esperanza, de que la pasión, o lo que fuera, volviera a hacer acto de presencia. Dijo que sí con un gesto extraño de hombros y cabeza, sin pronunciar palabra, sin emitir sonido alguno, sus ojos vacilantes e inquietos, repasando mi cuerpo, mi cara. Me sorprendió tanto ese gesto que en ese momento, por fin, logré mirarle directamente a los ojos y detener el tiempo para averiguar qué estaba pasando. Sentí su tristeza, o quizás era la mía propia, la decrepitud galopante que se apoderaba por segundos de la situación. 

Agarré su mano y la arrastré hacia el sofá de la sala. Nos sentamos y conversamos un poco, de cualquier cosa, de los conocidos comunes, de la ciudad que se estaba volviendo angustiante con sus excesos constructivos y automovilísticos, creo incluso del tiempo. Y al final nos dio por mirar una película de vídeo. Muchas veces hasta que no me pongo en situación, no logro percibir qué es lo que quiero o no quiero respecto a determinadas mujeres. No era la primera vez que achacaba una leve indisposición  castrante, es decir, que a la hora de la verdad, no se me levantaba. Esa vez, no hizo falta comprobarlo en vivo y en directo, mi corazón, o la razón, o lo que sea, me avisó antes de la desgracia.


viernes, enero 28, 2011



Cortando el tiempo en dos para amanecer en medio. Se sentía renacer en ese mismo momento, y como dejando atrás un pasado escabroso y rastrero, de oruga, rompía la crisálida y emprendía nuevas rutas hacia el cielo. Pasó, extrañamente y sin esfuerzo, al menos no consciente.
Observaba personas cruzar la calle. La ventana, una puerta al mundo. En la repisa, apuntando cabeza, las margaritas. Todo nuevo.
Gente, universos ambulantes, promesas de aventura. Hoy saldría a pasear con su mejor sonrisa. Recogería con delicadeza todas las carantoñas. Las miradas de retorno, como las olas. Las chispitas de fuego danzando en los ojos ajenos, y como no, el deseo, la poderosa lascivia. Llenaría un saco de intercambio humano fresco y subiría, arriba a la azotea, a tomar el sol, a degustar lentamente los frutos recogidos, saboreándolos, dimensionando en todo su esplendor el crecimiento. Nuevo sistema digestivo, nuevos alimentos.


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sábado, enero 22, 2011

Mea culpa



Huyo de mis noches. Se agotaron las músicas. Ni ellas me salvan ni pueden rescatarme. Los caminos nuevos se auguran desiertos y con alacranes. Para estos piés descalzos la lucha continua,más pasos. Me dices,que después de todo,quizás podrías acompañarme. Pero sé que no,que ya fué, que todo se jugó en aquel martes. Ahora pondría más empeño en la cena, en las conversaciones. Pero ahora soy otra persona. Entonces, todo parecía relajado y fácil. De ahí,mis sospechas, de ahí mis quejas. Con distancia puedo decirte que era de lo más normal que no las comprendieras. Mis fantasmas y tu voz. Esa danza oscura y macabra, del poder amar y del querer ganar. Y claro, la pérdida.

miércoles, noviembre 10, 2010

El mundo de la noche, lleno de espejos y desolación. La danza de las bajezas humanas donde todos competimos para demostrar que somos alguien, alguien más. Ella me hablaba de la voluptuosidad y hacía bandera de este camino como si la auténtica libertad estubiera agazapada en la constante rotura de todo límite. Cocaína, buenos vinos, buena comida, glamour, modernidad, sexo, pseudointelectualismo, y una supuesta predisposición a lo artístico, a la creatividad.
Decadencia. ¿Cómo va a ser libertad un producto más del mercado? ¿Cómo va a depender del reconocimiento social? Esclavitud. Soy antisocial, decía con la barbilla levantada, en un gesto casi de amenaza a quién osara ponerlo en duda. Mi vida se vive a través de los libros que leo. A mi nadie va a atraparme en el tedio, la cotidianidad y lo familiar. Y decía todo eso sosteniendo un güisqui cutre en la mano, balanceándose descompuesta en un mar incompresible. Yo sentía una ternura eterna por esa mujer. Veía una belleza simple en ella que me inspiraba a seguirla a través de las conversaciones y los bailes, una belleza que quizás ella nunca pueda divisar en ella misma. Me sentía su protectora, su momentáneo ángel de la guarda.
Pero ya no soy de ese mundo, de ese teatro corrupto. Tengo recursos necesarios, conozco el lenguaje vital de la noche, y sobrevivo sin grandes pérdidas. No queda nada por demostrar. No me atrapa la teatralización. Mi tono de voz se mantiene constante y relajado. No me abruman las supuestas bellezas, mujeres que apoyan su poder en la omisión de cuantas mujeres se cruzan con ellas, ni que ningun hombre me persiga caliente hasta la puerta de mi casa. Salí indemne, como si hubiera vivido una suerte de iniciación. A la mañana siguiente me fui a ver el mar y permanecí un rato largo sentada en una roca totalmente absorbida por el vaivén de las olas. La perfección del momento, de lo simple, del silencio.

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lunes, octubre 25, 2010

Como siempre...

Me decías que más vale pájaro en mano que cien volando y yo, lenta de reacciones, como siempre, me quedé sumida en el mutismo más absoluto. Como siempre, eso te pareció que te daba la razón una vez más, pero te equivocaste. Yo prefiero cien volando, no es por orgullo que te lo digo. Ahórrate las muecas(como puedes comprobar, aun te leo la mente a miles de kilómetros de distancia).
Prefiero todas las puertas abiertas, a nuevas experiencias, a nuevos corazones, prefiero el vértigo enroscado en mis entrañas, el precipicio de no saber a dónde ir ni con quién, vamos, prefiero seguir siendo, contra todo pronóstico lógico, una veleta sin norte a merced de los vientos. Por qué habría de conformarme con menos? Para quererte no necesito tu permiso ni tus condiciones. ¿Te enfadas? ¡Como siempre! Así que ya ves, de nada sirvió nuestra conversación de anoche más allá de un preámbulo obligado de tu razón antes de darte permiso para meterte conmigo a la cama. Pasados los goces de las pieles y los suspiros, siento informarte que todo sigue igual, tú con tu pájaro muerto en mano, yo disgregándome feliz por la ventana detrás de los vuelos azarosos de todas las aves.