El agua había tomado el camino y proclamaba airosa su reinado. Era un tiempo de lucha. De arremangarse camisas y doblar espaldas. Las emociones emergían por los ojos de la gente, y aunque se cubrieran de mantas, andaban expuestos, desnudos. Diques al mar, frenar sentimientos. Pero estos decidieron que basta, y así fue como el mar lo cubrió todo. Sin prisa pero sin pausa. Las miradas se tornaron transparentes, y en consecuencia, las amistades, abismales. Sin dudas ni mentiras, cambió definitivamente el escenario y el orden de las cosas. Nos volvimos azulados y ermitaños. Cada cual en su cueva, retorcidos por el miedo a ser descubiertos. Sólo alguien se atrevió a salir de su guarida para llamar a tu puerta.

Siempre estupendo, como siempre. Un placer pasar por tu casa.
ResponderBorrarSaludos y un abrazo.
Precioso niña, realmente precioso. Me encanta como escribes
ResponderBorrary quien era ?
ResponderBorrarasí son los profetas, no le tienen miedo a nada, por muy peliagudo que sea el escenario. interesante relato, bien llevado ese punto místico.
ResponderBorrarA la sonrisa: un placer recibirte de visita, siempre!
ResponderBorrarA Pepinillo: qué bueno que te guste, y que sigas visitándome...
A Noel: eso lo podrías elegir tú. ¿Quién era?
A Raul: Gracias por tu amable comentario
Siempre hay algún atrevido/a que se acerca sin temor a lo que pueda ocurrir.
ResponderBorrarBesos.
A Néctar: si,suerte de los atrevidos, sinó no avanzaría la historia....bsos!
ResponderBorrarMi querida Siona: Los tiempos de cambio son importantes en nuestras vidas porque nos hacen salir de algo ya establecido que comportan demasiada monotonía. Puede que no todo sea maravilloso pero tenemos que encontrar lo positivo que nos trae.Al menos para mí tu escrito tiene mucho de reflexión.Me ha gustado mucho.
ResponderBorrarBrisas y besos.
Malena
Es tan difícil decir la verdad como ocultarla.
ResponderBorrarY no le creyeron... Aunque era mejor no creer.
ResponderBorrarUn gusto el que nos hayamos encontrado. Te sigo y gracias por seguirme.
ResponderBorrarLa suerte del profeta, que se aventura llamar puertas de sus ermitaños vecinos en busca de quien atienda su ilusionado mensaje. A ver diseñamos de ser azules....
ResponderBorrarSiempre es un placer pasar por tu espacio, Siona, me gustó mucho tu texto.
ResponderBorrarTe dejo un beso.
Humberto.
A Pitt: yo creo que la verdad sobre las emociones y los sentimientos,que es una de las verdades posibles, es la que más cuesta,mucho más que cualquier mentira...pero es sólo lo que yo creo, saludos!
ResponderBorrarA Rombo: gracias por ensayar un final posible, el texto fue escrito un poco con esa intención...besos!
ResponderBorrarA Claudio: de nada, nos seguimos leyendo
A Sergio: creo que el profeta no iba en busca de quién atendiera su mensaje....sinó que llevaba un mensaje y era para alguien en concreto
A Humberto: a mi me gustó mucho el tuyo...el de la casa...que vengo de leerlo, saludos!
Y abri la puerta...
ResponderBorrar;-)