a mi lado,
con el pecho susurrante
de revuelo de mariposas.
Olí su pelo.
Una maraña dulce,
esparcida,
con olor a bosque.
Solté un gruñido
y encendió sus luces
- Por fin despiertas!
Le dije besando
su delicada oreja.
Tocó mi pecho.
Comprobó su efecto.
Me miró complacida.
Y se volvió a dormir.
Llevándose, traidora,
mi beso.
